Ya he escrito antes sobre ello:
la carencia de profesionales de la construcción y la situación privilegiada en
la que esta carencia les sitúa. Dicho privilegio contrasta con la creencia
generalizada y aún arraigada de que dichos trabajos son duros y poco valorados.
Pueden ser jefes de sí mismos haciéndose de esta manera con su propio horario y
honorarios, con lo cual esa dureza y consideración, pienso, podría situarse en otra posición de la
escala de valores. Dichos privilegios se pueden comparar con otras
comodidades o facilidades profesionales, como los archi envidiados dos meses de
vacaciones al año de los profesores o el pastizal que se levanta un directivo de una gran empresa. Con lo cual podemos ver que cada profesión
tiene sus ventajas y sus inconvenientes y no hay por qué tildar unos trabajos
de duros y/o mejores. El mejor es aquel trabajo que se desempeña con ganas y
pasión, pienso.
Pienso que ahora nos encontramos
con la siguiente situación: los jóvenes animados o dirigidos por sus
progenitores (que vierten en ellos sus carencias y frustraciones, normalmente
asociadas a la carestía económica y/o cultural) se forman en Universidades, Masters,
estudios en el extranjero… llegando a la edad adulta sobreformados y con necesidad de rentabilizar lo estudiado. Sin embargo, no hay puestos de trabajo suficientes en el mercado
que cubra toda esa formación. Mientras tanto, Los Reyes del Mambo se
frotan las manos y la barbilla porque ven cada vez más oportunidad de beneficio
y mambismo debido a la falta de formación de nuevos profesionales en su ámbito. No es que sean oficios de poca formación,
pero es una formación gremial que ya no se lleva. Un sistema de aprendizaje que
se ha visto desplazado por otros tipos más académicos y valorados. A pesar del auge de los grados de formación profesional, la cultura
está sobre valorada. Nadie quiere ser fontanero porque se habla mal o lo que es
peor no se habla nada de dicho oficio. Así no se puede crear interés, así no se
puede apasionar a nadie por un trabajo con salida real en el mercado. Está
mejor visto hablar de los reyes godos que de tipos de latiguillos de
sanitarios.
Me pregunto qué pasaría si dejáramos
a un niño que juega con agua y arena libertad para seguir haciéndolo, en lugar
de obligarle a sentarse cinco horas diarias a escribir y leer. ¿No podría
llegar a ser un fontanero profesional con capacidades extraordinarias para
entender el flujo del agua y otros elementos?
Mi mundo ideal contiene gente profesional
de la construcción que trabaja con ganas porque les gusta lo que hacen. En este
deambular por la búsqueda de dichos profesionales he encontrado a tres: un
podador, un medidor de radón y un arreglador de tejados que no han abusado de esa
situación privilegiada que les ha proporcionado el devenir de los tiempos, sino
que me han transmitido su pasión por lo que hacen y siempre con una sonrisa me
han explicado todo con muchísima paciencia. Aplaudo a Fernando, Agustín y Juan
María.
https://macarenamenasantos.blogspot.com/2021/05/los-reyes-del-mambo.html
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