viernes, 25 de septiembre de 2026

Novela de un Yo (37)

 

 

 

Lunes. Eneko se ha despertado cuando ella ha entrado en su habitación a coger un libro. Al principio era sólo el llamado por ellos Cuarto de arte, el lugar donde almacenar los libros ordenados por género y alfabeto, ahora éstos se extienden por otros lugares de la casa como el armario de su hijo o el botiquín del cuarto de baño. A pesar del sigilo con el que lo ha hecho, el hilo invisible que los une desde hace catorce años vibra ante su cercanía. El hijo se ha dado la vuelta y puesto el cojín de Mario Bross encima de la cabeza para seguir durmiendo mientras la madre entornaba la puerta. El insomnio que le produce su estado menopaúsico la ha hecho amanecer muy pronto. Aprovecha esas horas en que la casa está en silencio para leer con la luz anaranjada de la lámpara que le regaló su madre. Todavía es de noche. Cuando se está arropando con la manta de Iberia para estar más a gusto, Eneko se levanta a darla un beso, pero después de ir al baño se vuelve a la cama. También se encuentra en un estado especial por hallarse en la adolescencia, aunque de otra consistencia distinta a la de su madre. El sueño es lo que les diferencia y a su vez les une por tenerlo alterado en ambos casos.

Zumo, desayuno en familia y acicalarse para acompañar a Eneko hasta la mitad del camino al instituto y a continuación hasta el metro donde Daniel junto a más ejecutivos con calvície es succionado para ir a la oficina. Esta vez también le ha dado tiempo a abrir las ventanas de casa antes de salir. Cuando regresa y cierra todo dejan de escucharse las desbrozadoras del Madrid Río y los coches de la M30. Es entonces cuando empieza el golpeteo de sus dedos sobre el teclado. Sigue con los mensajes de su madre. Los revisa, escudriña cada palabra, cada pensamiento, se pone la mano en el pecho y lo baja todo al sentir para después hacer con ello una pelota y tirarlo a la basura. Eso espera.

 

“Me pregunto si estás esperando porque crees que con el tiempo se me pasará el enfado. Como hacíais cuando era pequeña. Como hace Clotilde, que después de lo de Sevilla y sin haberse disculpado, me habla como si nada. Lejos de mejorarlo, creo que tu falta de atención, lo agrava.

Otra vez la misma situación que se repite...  Te olvidas de mí, te lo digo porque me duele y tu silencio.

Me pregunto si harías lo mismo si estuviera enferma de cáncer. Si te olvidarías de mi en un viaje, una comida, una quedada... Si no me llamarías, ni me escribirías, ni leérias y ni me contestarías los mensajes.

Pienso que ha sido una liberación para ti que no vayamos en Navidad. No me llegan tus ganas de pasar ese día con nosotros: ni cuando me lo dijiste ("pues venís en Navidad", como dándolo por hecho, en lugar de preguntar. Te recuerdo que soy adulta con familia propia), ni cuando te dije que no iba. No me llegan tus ganas de hacer nada con nosotros, por eso te olvidas.

Puntualizo lo de Clotilde: no es que yo quiera que se disculpe si no lo siente así (como ya intentó porque se lo habías pedido tú diciéndome "que no sabía por qué me tenía que decir lo siento"), pero no quiero que me hable si soy una extraña para ella como repite de continuo.

Añado: desde que empezaste a hacer de intermediaria para que vea a Eneko, aún más. Nunca me llamó ni llamasteis para ir a comer al Vips o para ir al Cine. En definitiva, para cualquier plan que hacíais con Eneko las dos. De nuevo pensabas por mí (que no podía) y de nuevo Clotilde me ignoraba. Y encima dices que soy yo.

Dices que no sabes improvisar y lo estás haciendo continuamente, como cuando Clotilde te llama porque se pasa a ver a papá. Entiendo que te cueste más improvisar para tres personas, pero no siempre estoy con Daniel y/o Eneko, y si fuera así, puedes no improvisar y planificar. Es otra opción para pasar tiempo juntos, aunque no me pase a ver a papá porque no me sale por tener otra vida y personalidad distinta a Clotilde, otras experiencias con él... etc. Claro que por eso igual a vosotros tampoco os sale, como me dijiste el otro día. Amor condicional. La pescadilla que se muerde la cola. Feliz Noche Buena.

Me dice Eneko que le has dicho que no vas a leer mis mensajes. No te puedes imaginar lo que me ha dolido (una vez más). He subido llorando a la comida en casa de mis suegros. Y encima dices que no hay nada que NO QUIERAS VER y te sigues quejando de la "mala suerte" que has tenido con las cataratas.

¿Y no entiendes que no mire a papá (expresión que usó la tía) cuando afirmas que mis opiniones y comentarios te constriñen y te alejan de mí? Te recuerdo que él fue el que me dijo "menos da una piedra" cuando conseguí mi primer trabajo, "harás lo que yo te diga mientras vivas en mi casa", etc, etc, etc. Por no hablar de su actitud, que ni se levantaba del ordenador para saludarme cuando iba a vuestra casa, o me daba un grito por menos de nada... Todo el mundo se puede equivocar y no paramos de crecer nunca, pienso. También se puede decir "lo siento". Es necesario. Pienso.

Me pregunto cómo puedes haberme abandonado. Cómo una madre puede abandonar a su hija. Cómo es capaz de no llamarla, leerla, escucharla, responder. Quisiera pensar que no existes para que no me duela tanto.

Son casi las dos de la madrugada. Acabo de llegar del Cine. Pienso, de nuevo: Eneko me comentó que le habías dicho el día de Navidad que Clotilde le quería ver. No recuerdo ni una sola vez que me haya querido ver a mí. Así dice y hace siempre: el resto no existimos. Como te dije desde que se fue de casa (aunque en realidad nunca se ha ido) se olvidó de mí, agravado aún más cuando nació Eneko, y encima tú te conviertes en su cómplice-intermediaria y dices que soy yo la que no la hablo. El colmo. Como puedes estar tan ciega que NO LO QUIERES VER.

Sigues haciendo lo mismo desde hace tiempo: evitarme para no tener que contar conmigo. Mientras no me incluyas en tu vida, no puedo pertenecer a la tuya. ¿Cómo puedes ignorarme de esta manera?

Dices Sí a todo lo que te digo cuando te hablo (a veces cortándome, como el último día, para que no siga o me calle), como haciéndome entender que me comprendes y/o que te estás enterando de lo que te digo, y luego no haces nada de eso que te digo y pareces entender.

Hoy ha llamado Clotilde. Me ha dicho que le recuerde a Eneko que le habéis llamado varias veces. Le tenía que haber contestado que te dijera que yo te he escrito otras mil tantas veces y tampoco me haces ni caso.

¿Por qué me has abandonado? No entiendo a la madre que abandona a una hija/o. Qué dolor.

¿Por qué no quieres leerme? Cuando te llame por teléfono, te quedarás sorda.

Te has cargado mi relación con mi tía y primos, a quienes nunca volveré a ver. Así como las celebraciones y rituales que compartíamos en familia. Jamás me contestaste a la pregunta de por qué dejamos de celebrar el trece de agosto o por qué no podíamos ir en Reyes a Sevilla en lugar de Nochebuena.

Me pone muy triste que sigas haciendo lo que te expliqué me hacía sentirme no querida. ¿Por qué sigues haciendo planes con Eneko, Clotilde... etc sin incluirme? ¿Por qué te olvidas de tu hija mayor?

¿Hasta cuándo va a durar tu silencio? Es una agresión muy dura y grave lo que estás haciendo: retirarme la palabra. Ignorarme.

Explícame, por favor, por qué hasta hoy, diez de enero, desde el veinticinco de diciembre que sabes que te había escrito, no me has llamado para decirme que no ibas a leer mis WhatsApps y que prefieres que te lo diga en persona.

Mañana te llamo y te leo por teléfono todos lo que te he escrito en estos días. Estoy hasta las narices de tenerlo que hacer como tú dices. Nunca me lees ni me contestas. Sólo una vez hiciste el esfuerzo. Yo hago un terrible esfuerzo cada vez que quedo contigo para hablar. Y ya hemos quedado varias veces. Te llamaré mañana, aunque igual me dices que no puedes oírme.

A partir de ahora, hasta que me digas lo contrario, no te escribiré más WhatsApps y tampoco esperaré los tuyos.

Estoy muy cansada, triste, desilusionada, enfadada... Ya no puedo más.

¿Tan difícil es que me tengas en cuenta?

Llamas "pronto" a cuando papá no quiso ver las fotos de nuestro viaje aquel día. Y así lo justificas. Supongo que si yo un día no quiero hacer algo con vosotros también puede ser un “pronto” y no me lo tienes por qué reprochar como has hecho hoy. Vuelvo a decir que lo que me recrimináis lo hacéis vosotros también.

Cada vez que te comento algún malestar mío, me sacas uno tuyo. De esa manera nunca me siento comprendida ni apoyada. Imagínate que cada vez que vas al médico éste te contara una enfermedad suya sin hacer caso de lo que le cuentas tú. Pues igual me siento yo. El otro día lo volviste a hacer toooodoooo el rato.”

 

Cuando su hijo llama al telefonillo como si fuera un piano, deja de escribir y se levanta a contestarle en modo morse. Llega sudando, que han tenido Educa a última hora. Para su sorpresa no viene a comer, sino que coge la bola, cómo llama a la de baloncesto ahora, para irse a las canchas donde ha quedado con sus amigos. Eneko empieza a despegar cuando Macarena también lo hace para dejar de ser mendiga del amor de su madre. Parece que tienen adolescencias paralelas, aunque una ya es adulta y el otro todavía un niño.

En el Cine cuando ha terminado el descanso ha llegado La Tauro que es una clienta habitual que se mete a ver trozos de películas cuando ha visto empezada una o se ha tenido que salir antes de alguna otra. Quería ver el final de Mujeres en el parque. Un día tuvo una conversación con ella que la dejó incómoda: “que ella se había dado cuenta hace mucho que la Universidad no servía para nada.”

Cuando llega a casa le da vueltas a la idea de La Tauro.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Niños drogadictos

 


 

Hay cuestiones que no me sorprenden de esta sociedad. No me extrañan porque pienso que ocurren por la sociedad que formamos. Por ejemplo, el hecho de que haya adolescentes que se droguen, ya sea con alcohol, cafeína u otras, aun sabiendo que algunas de ellas son herramientas que les pueden causar la muerte. Pienso que el sistema educativo obligatorio es una de las razones de esto. No respeta (además de otras muchas cosas) el ritmo biológico de las personas. Todos tenemos un reloj interno. Hay personas que están más activas por la mañana, otras por la noche… etc Respetar estos horarios naturales mejoran el descanso y el metabolismo, que son parte de la salud. Sin embargo, todos los niños y las niñas tienen que ir obligados al colegio a unas horas dictaminadas. No entiendo todavía, pensando en la diversidad de este mundo, aunque no comulgue con la existencia de estos, cómo no hay colegios de tarde. Para aquellos cuyo ritmo biológico no sea mañanero o aquellos adolescentes que por el hecho de serlo necesiten dormir más, esto es una aberración que se está cargando su ritmo natural de crecimiento. Es por ello por lo que necesitan de una herramienta externa, gasolina para activarse. Desde muy temprana edad los hacemos adictos a la cafeína y a otras drogas. Y encima lo vemos normal porque “es lo que hay, yo también madrugo para ir a trabajar”.  Como si a todas las edades se debiesen tener las mismas rutinas. Como si sólo madrugando se hicieran cosas importantes. Quizás pesa demasiado todavía el refrán “a quién madruga dios le ayuda”, que en un mundo en funcionamiento veinticuatro horas al día, siete días a la semana, cincuenta y dos semanas al año, pienso ya no tiene sentido. Además, en el caso del adulto, él ha elegido madrugar, nadie le ha obligado a ir a trabajar a esas horas. Él ha elegido trabajar donde trabaja. Y si no lo ha elegido todavía tiene la opción de elegir. Los niños y las niñas no pueden hacerlo.   

Un niño que se acuesta a las doce de la noche no puede estar al cien por cien a las ocho y media de la mañana, ni siquiera a las diez. Y mucho menos aguantar cinco horas diarias sentado escuchando cosas que no le interesan en absoluto, las cuales tampoco aguantaría otro que se acueste a las diez. Se tienen que drogar por narices, porque no les queda otra. Y encima lo vemos normal: “yo a su edad me tenía que aprender los reyes godos”, “si luego después de comer tienen dos horas para jugar en el patio y hacer lo que quieran”.

No quería dejar de mencionar que existe la opción de homeschooling y unschooling, pero todavía no está muy extendida ni respaldada y si una persona quiere seguir la corriente que marca su época, acaba haciendo lo que hace la mayoría.

Yo he descubierto que ahora no necesito drogarme porque me levanto cada día con la droga de la excitación del nuevo día que se me presenta por delante. No me hace falta espabilarme con algo externo porque estoy deseando comenzar mis actividades del día nuevo. No voy a rastras con la vida porque la vida me lleva en volandas y de esa manera no hace falta café ni droga alguna. A no ser que un día haya trasnochado porque me apetecía y me quiera levantar pronto porque me apetezca también o quiera estar más desinhibida por lo que sea, no necesito drogas. Me ha costado casi cincuenta años darme cuenta, darme cuenta de cómo me gusta pasar el día y hacerlo, un precio demasiado alto para ser feliz cuando se podría serlo desde el minuto uno de vida si lo hiciéramos de otra manera: si no obligáramos a los niños/as a memorizar cosas que jamás van a aprender porque no les interesa; si respetásemos sus intereses; si respetásemos sus ritmos biológicos… etc.   

viernes, 18 de septiembre de 2026

Novela de un Yo (36)

 

 

Martes. Suena el despertador y la jornada comienza para Eneko y Daniel. No para Macarena que ha amanecido hace tiempo. Después de poner al día su cuerpo (vaso de agua caliente, cara, dientes, estiramientos, pesas, crema), proyecta sus quehaceres a través de la agenda. Un cuaderno tamaño cuartilla que cada año tunea de manera diferente. El de este año tiene una foto de la cara sonriente de Pippi Calzaslargas. También selecciona las naranjas para el zumo. Besos de buenos días entre qué tal has dormido y estoy cansadísimo se suceden hasta que los tres se sientan a desayunar después de que Daniel con su acostumbrado sosiego prepare los tres zumos. Su espalda abarca casi todo el marco visual que alcanza Macarena desde el salón mientras supervisa los preparativos de su hijo. Eneko les cuenta un sueño que ha tenido: se iba la luz en toda España y estaban tres días sin ir al colegio.

Cuando la casa se vacía, Macarena se sienta a escribir sobre la mesa-puerta junto a las vistas del río. Se ha hecho un té verde de cuya taza sale un vaho que difumina la luz de la mañana. Hoy revisa mensajes de WhatsApp, un chat con su madre. Es la pena más grande que le queda, la que todavía no logra gestionar. Resuelto está el tema de su hermana, con la que ha decidido no relacionarse en estos momentos de su vida porque cada vez que lo hacen es a través de sapos y culebras. Resuelto también queda el tema del padre, con quien la relación ha mejorado un cien por cien a partir de su enfermedad de Alzheimer. Sigue echando mucho de menos a su madre, quien nunca la leyó a pesar de acumular sus bolígrafos gastados y encuadernar algunos de sus libros.

 

“Te envío este WhatsApp porque necesito seguir sacando cosas mientras te decides a contestarme, porque si no exploto. Porque sé que, además, WhatsApp sí que puedes leer. Hablando de tu enfermedad, te cuento cómo yo la siento: no quieres ver este problema que nos separa y por ello se te ha generado una enfermedad de la vista.

Mamá: Llevo mucho tiempo escribiendo poco a poco, como puedo para contestarte. Mañana te llamo y te comento esto que dices. No me he generado las cataratas, llevo meses con ellas y leo con dificultad.

Creo que no me has entendido. Lo de tus cataratas es como lo veo YO, la interpretación que hago de un problema físico. PARA MÍ todo está conectado. Lo que nos afecta en las emociones también lo hace en lo físico. Por eso hoy yo tengo el cuello rígido y la espalda llena de contracturas. Yo me explico el mundo, no espero a que me lo expliquen. Si no te sirve, puedes olvidarlo, pero si te remueve a lo mejor es que te ha servido.

"Buscar sombra siempre es doloroso. Pero permanecer ciegos duele mucho más."

Sigo aclarando... Me refiero a que a mí me sirve esta explicación, que por otra parte no me he inventado, pero a ti puede no servirte. Yo necesito explicarme y entender para vivir, no dejarme a la deriva de las circunstancias.

Sabía que, si te decía lo que yo pensaba de tus cataratas, te podía "escocer", pero a la vez necesitaba decírtelo para que entendieras mi sentir. Como te dije, estoy saturada de que sólo nos comuniquemos a través de enfermedades. Me parece muy dañino y perjudicial.

Y porque creo que lo físico y lo emocional se afectan quiero sanar nuestra relación. Es lo único bueno de "lo de Sevilla", que ha sido la gota que ha colmado el vaso, la oportunidad que me ha dado la vida para sanar. No quiero enfermar y noto que llevo muchos años con cosas dentro que me pueden generar una enfermedad.

Aprovecho para decirte que nos gustaría ir a la casa de la sierra un fin de semana de estos. Nos gustaría ir los tres, sin la presencia de nadie más, y con la seguridad de que no fuera a ir de improviso Clotilde (no sé si vive allí ahora), como ya ocurrió un año cuando me dijiste que no sabías sus planes y que podía ser que llegara en cualquier momento. Es una sensación muy incómoda, estando unos días en una casa, pensar que en cualquier momento alguien puede llegar sin avisar.

Me siento no incluida, no tenida en cuenta. Te recuerdo que os olvidasteis de mí cuando fuisteis a Sevilla y eso, aunque me hayas dicho tú que lo sientes, no se me olvida. No se me va la sensación de sentirme fuera porque hay dos personas más que no han dicho nada (además de no ser incluida en otros planes). Es por eso por lo que necesito muestras de que os importo, de que os concierne lo que me pasa. Ahora, tal como están las cosas, pienso que tú eres la única que me puede ayudar. Si atiendes mis necesidades, sentiría de nuevo que formo parte, que mis cosas también importan.... Si lo tengo que hacer yo, no me soluciona nada. Es como si alguien enfermo necesita ir al médico y no tiene nadie que le acompañe. Yo necesito que me acompañes en esta gestión. Que le digas tú a Clotilde que queremos ir y que no nos ponga pegas para ir. Si lo hago yo, aparte de que no tengo ninguna confianza en que no me ponga pegas, seguiré con la misma sensación. 

No me extraña que estés cansada de hacer de intermediaria. Con Clotilde lo estás haciendo continuamente. Cuando Eneko se queda con vosotros enseguida la avisas para que vaya a verle. ¿Por qué no me lo pide (verle) a mi directamente? Haces de intermediaria con ella a menudo (empezando por solucionarle el tema de la ropa). No eres ecuánime. 

He hablado de INJUSTICIA porque tú misma has dicho que vive allí hasta que tenga trabajo fijo. No has comentado nada de que no pudiera comprarse una casa. Así es que según tú la razón es esa, pero se te ha olvidado que tienes otra hija que tampoco tiene trabajo fijo. Y eso es injusto.

Desde que empecé a trabajar tuve la intención de comprarme una casa, que yo sepa Clotilde jamás la ha tenido. Está acostumbrada a que la mantengáis. Una cosa es que a vosotras os venga bien que viva en esa casa, y otra el que no pueda comprarse una casa. Creéis que no puede porque no tiene trabajo fijo, pero en realidad ni siquiera ha manifestado querer. Yo pude porque quise. No confundas las cosas y sé honesta contigo misma y conmigo. Me parece genial que os sirva que viva allí, pero entonces de igual modo os puede servir que yo esté allí un fin de semana al año, igual que lo hacen otros, y eso no es "echarla de su casa". Qué daño me hizo eso que me dijiste. No se me va de la cabeza. El mismo derecho que tiene ella, lo debería tener yo. Es más, ella por el hecho de estar viviendo en una casa de la familia, debería ser la que nos facilitara el poder ir allí cuando quisiéramos. Así nos lo dijo el primer año, que podíamos seguir haciendo como siempre. Luego, más tarde, se le debieron de cruzar los cables y te llamó para decirte que la estábamos echando de su casa.

Si no me acompañas en esto, no me pidas jamás que haga de intermediaria contigo en nada. No creo que sea pedirte demasiado que la llames y que le digas que queremos ir un fin de semana.”

 

Mientras comía ha visto Once. Sigue ilustrando su vida con películas cuyos protagonistas se emplean en trabajos rutinarios que no les ocupan la cabeza para luego poder crear en su tiempo libre. Eneko hoy se quedaba a la salida del instituto para jugar a tenís de mesa con un amigo. Aparece justo cuando Macarena está llevando la bandeja a la cocina.

- ¡Hola, hijo! ¿Qué tal?

-Bien. Agotado. Menuda paliza.

- ¿Habéis jugado mucho?

- Sí, y es que antes, a última, hemos tenido Educa.

- Jolín, no me extraña que vengas cansado…  Pues te pongo la comida y me voy ya.

Macarena acompaña a su hijo mientras engulle un plato con pollo asado y patatas fritas. También le ha hecho un cuenco de arroz blanco, como lo ponían en Ecuador, otro viaje que hicieron, que le gustaba mucho. Doble plato de hidratos de carbono que a Macarena no le parece muy equilibrado, pero ya lo compensará de otra manera. Desde que cumplió los diez considera que acusa sobrepeso como muchos niños de su edad y esto no le gusta. Por la noche le dirá a Daniel que cene espárragos.

En el Cine Macarena se ha dedicado a coger las anillas de las latas que los clientes tiraban a la basura. Eli, la nueva taquillera que ha suplantado la plaza que dejó vacante Asun (Álvaro ha vuelto a su puesto de portero habitual), hace monederos con ellas. Un día la vio en la taquilla con una bolsa llena y le preguntó. A Macarena le encanta la gente que hace cosas con cosas. Además, le gusta reciclar cosas cuya vida parece que ha terminado. Le gusta alargar la vida de los objetos que parecen no tener vida. Eli aprovecha los tiempos muertos de taquilla, entre sesión y sesión, para tejer con las anillas de las latas. Hoy le ha dado un buen puñado y se ha puesto tan contenta, lo que a su vez ha alegrado a Macarena a pesar de llevar hoy la camiseta negra.

Tras la jornada primaveral en la que ha observado que los clientes ya empiezan a querer el agua fría de la nevera, que se venden menos chocolatinas, más refrescos… se va a casa donde, si está Daniel despierto, compartirá con él una serie en el sofá. Se marcha en metro, que lo del otro día fue una valentía que no volverá a hacer. Le cuesta demasiado subir la Cuesta de Moyano en bicicleta. Sus piernas ya no tienen veinte años.

lunes, 14 de septiembre de 2026

La IA

 

 

Este fin de semana en una celebración familiar he tenido una conversación sobre la IA. Muy interesante para darme cuenta una vez más de que vivimos en un mundo diverso constituido a su vez por munditos diferentes. He quedado con mi interlocutor dentro de cinco años para volver a hablar sobre el tema. Él defiende que en cinco años la IA va a estar en todos los ámbitos de la vida menos en los oficios, que va a suplantar todo tipo de trabajos menos los que se hacen con las manos (albañilería, fontanería, carpintería… etc). Yo opino que no va a ser así, que además de los oficios hay otros ámbitos de la sociedad que no se pueden cubrir por la IA (de hecho, en el momento de esta conversación estábamos en un ámbito difícilmente suplantable por la IA), como por ejemplo la atención personal (que en ciertos sectores de la sociedad es imprescindible) o el arte. Aquí es donde nos alargamos más. Para cada uno de nosotros el arte es una cosa diferente. De hecho, pienso que para él la conversación era la IA y el mundo laboral y para mí era la IA y el mundo (que no es sólo laboral). Él no cree necesario saber de dónde proviene una obra artística. Yo pienso que el arte es arte porque es un medio de expresión y por ahora los que expresamos emociones, sentimientos… etc. somos los humanos. Es decir, que si lo hace una máquina y me entero de que no puedo saber quién es al autor que lo ha hecho, para mí pierde interés, no me comunica nada, porque no tiene esencia o alma humana, no puedo llegar a ese autor, aunque simplemente sea a través del nombre. No descarto que en un futuro las máquinas se mezclen con los humanos y seamos androides o algo así capaces de emocionarnos, sentir… y por supuesto hacer arte. Pero por ahora y dentro de cinco años, lo dudo mucho. Decirle a algo que te haga algo, no me parece expresar… Otra cosa es que se use como mera herramienta, como pueda ser internet, una cámara fotográfica… etc.

Según escribo esto estoy pensando (y es por ello por lo que escribo, para explicarme el mundo, cosa que, además, creo que tampoco la IA hace: desarrollar una actividad para pensar y explicarse el mundo) que se puede convertir en medio de expresión la manera en que tú comunicas a la IA lo que quieres hacer. Y entonces, creo, que se convertiría en arte porque proviene de un humano. Igual que quien usa una máquina fotográfica para captar una imagen que él mismo ha seleccionado a través de un encuadre, una luz…   Cuando apareció la fotografía se pensó que ésta suplantaría a la pintura y que dejaría de ser una actividad artística por el mero hecho de captar la realidad a través de otra cosa. Sin embargo, pronto la fotografía se consideró un arte. Quizás pase lo mismo con la IA. Puede ocurrir que el resultado no sea exactamente lo que tú deseabas o que te convenza a posteriori más de lo que tú tenías en la cabeza. Pero sí, efectivamente, creo que escribiendo esto me he dado cuenta de que CON (como instrumento) la IA también se puede hacer arte.

Ahora bien, igual que hay gente que prefiere escuchar lo que te cuenta alguien a buscar en Google, comprar en una tienda a comprar en Amazon (he tardado tres meses en seleccionar unas cosas que quería comprar en Amazon y eso que sólo ha sido seleccionarlo, que la gestión de comprarlo me lo va a hacer mi interlocutor ducho en tecnología), preguntar a un conocido experto sobre un asunto o preguntárselo a ChatGpt, escuchar a un cantante en directo o mediante playback, cocinar una receta de una revista o una receta que te proporcione la IA con los ingredientes que tú le digas, llamar por teléfono a escribir un WhatsApp; seguirá habiendo gente que se maneje mejor con un libro que con la IA, disfrute más con algo que ha hecho un ser humano que con algo que ha hecho la IA… etc Que no son prejuicios usar sólo la tecnología cuando te apetece, puedes o te parece más adecuado usarla, sino maneras de gestionar las herramientas del mundo para tu mundito.

Mi compañero de debate dice que en cinco años todo sucumbirá a la IA. Yo le recordaré que hace tiempo se decía que la pintura desaparecería, también el cine, los libros… y ahí están.

Pienso que, aunque lleguen a ancianos la generación de los niños/as nacidos en tiempos de IA, siempre habrá alguien que, como yo, prefiera otras herramientas. Como también hay quien prefiere un original de Gucci que una copia de un mercadillo.

Ayer una señora se acercó a la taquilla y me dijo que ella siempre venía al cine a comprar las entradas porque le gusta que una persona la atienda. Pues eso, prioridades.

Así es que, querido interlocutor, creo que nuestro debate no es tal debate si tenemos en cuenta la diversidad del mundo (que no es sólo trabajo) y la respetamos. Aún así, mantengo la fecha de nuestro encuentro dentro de cinco años para volver a observar con lupa (o con IA) como están las cosas.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Novela de un Yo (35)

  

 

Lunes. Dera la lleva de nuevo al Cine. Es la antigua bicicleta que tanto usó como medio de transporte en Italia y cuando regresó de allí. Se ha levantado con ganas de pedalear. Ha sujetado bien la mochila en el transportín con las cinchas que le regaló su padre. Hoy pesa bastante, pues carga con un libro más de lo habitual porque le quiere enseñar a David un capítulo de Escuela de la Fantasía. Atraviesa la Plaza Mayor, Gran Vía y al llegar a la Plaza de Cibeles se baja de la bicicleta para cruzar andando el paso de peatones. Cuando pasa frente a la fachada del edificio Centro Centro le llama la atención un cartel que anuncia una exposición y pone “La Felicidad”. Se queda unos minutos mirándolo. Le gustan los colores del cartel: letras en azul eléctrico sobre fondo de otro azul más claro y brillos rosas en las mayúsculas. Vuelve a subirse en la bicicleta para enfilar la cuesta del Retiro en el cual se adentra con una escena familiar reciente en la cabeza: su hijo le contó que Clotilde había llegado llorando a casa de los abuelos. Cuando éste preguntó a su abuela por el disgusto de su tía, la abuela le orquestó una secuencia parecida a la que le había compuesto a ella años atrás.

-Bueno, es que la tía tiene mucha responsabilidad, ¿sabes? Es jefa de bomberos y eso a veces conlleva problemas porque tiene que tomar decisiones en contra de sus compañeros. El otro día se quemó un restaurante italiano en un centro comercial y aunque desalojaron rápido, un gatito se quedó dentro.

¡Miau! se oye en ese momento.

Al mismo tiempo que la narración avanza una escalera ha comenzado a elevarse hasta el techo de la casa. Un grupo de bomberos ha irrumpido en el salón donde abuela y nieto hablan y a las órdenes de la jefa se despliegan por todo el edificio en busca del supuesto gato. Todos llevan su uniforme y casco reglamentario, que en producción cinematográfica la abuela es muy exigente y nunca le falta un detalle. Al final aparecería el bombero más veterano, que entiende de comportamientos animales, con el gatito en brazos.

Eneko se quedó algo insatisfecho con esta respuesta porque veía a su tía llorar y llorar y no entendía que de un final feliz pudiera surgir tanta tristeza. No es la primera vez que le incomoda o le parece falto de veracidad el discurso de la abuela. De hecho, Macarena ha notado una capacidad nueva en su hijo. Cada vez que le cuenta algo vivido con los abuelos percibe que la narración está aderezada con notas de humor. Así una vez, no hace mucho, descubrió un pasaje con su inconfundible sello insertado en el discurso. A Macarena le parecía raro que el abuelo hubiera ido a la pata coja por el pasillo en busca de su boina. Acabó delatándose: “había que poner una pizca de humor”. Sin embargo, aquel día de la tristeza de su tía no le interesó adornar la escena, pues quería que su madre le explicara la realidad de unos hechos que cree le ocultaron. De abuela peliculera y profesora de Historia, madre investigadora que escribe historias y trabaja en un Cine.

Hoy en el Cine una viejecita se acerca a la taquilla donde está Macarena y compra una entrada para Buenos días, noche, diciéndole que ha visto que esa película está en varios cines en versión original. Le cuenta que cuando ve que una película está en muchos cines en V.O, quiere decir que debe ser buena y entonces va a verla. Coge la entrada y dándole la vuelta descubre que hay algo escrito. Macarena le explica que es una promoción de dos costillas por una en un restaurante mexicano. Le comenta que en el “Cid” también dan con la entrada una promoción para un restaurante que se llama “El abuelo” y a partir de ahí le cuenta un montón de cosas enlazadas unas con otras: del restaurante “El abuelo”, donde conoce a la cocinera (muy gorda) que le pidió ayuda para adelgazar, pasa a contarle que ha sido enfermera y que ha trabajado en muchísimos hospitales de Madrid y siempre en Maternidad. Y de este episodio de su vida resalta varias frases:

 “Yo me he pagado la casa a costa de mi salud”.

Dice que había veces que doblaba turnos y que incluso un día casi se queda dormida ayudando a un doctor en una cesárea.

“Con los pacientes hay que tener muchísima paciencia y ser muy agradables. Tener siempre en cuenta que están enfermos, fuera de sus casas, alejados de sus familiares…”

“Siempre sonriente y ni una mala cara”.

Le acaba diciendo que ha acabado estresada y nerviosa de tanto trabajar. Pasa a contarle cómo antes telefoneaba a los programas de debates de la televisión para meterse con tal o pascual y llamarle de todo. Luego le dice que no hay derecho a que hagan versiones de los clásicos del cine y que esto le enfada muchísimo. Que no sabe cómo la gente no protesta. Que si cuando Franco… Luego que de los libros de Historia tampoco te puedes fiar, que unos dicen una cosa y otros lo contrario. Que ella lo había comprobado con Colón: que en unos libros le ponían muy bien y en otros muy mal… Después de una hora hablando, que se lo agradece muchísimo, se marcha hasta las seis que comienza la película. La ve caminar desde la taquilla: un poco ladeada, con unas gafas de sol que se planta nada más despedirse de Macarena, toda de blanco.

A las seis vuelve, se mete a ver la película y a los diez minutos sale gritando de la sala diciendo que qué era aquello, que la habíamos engañado, que no era una película en versión original, sino doblada. David la acompaña a la sala otra vez explicándole que es sólo el principio: unas imágenes de la televisión española, pero que lo demás es en inglés, que no hay estafadores. Se marcha después de que Isidro le devuelva el dinero de la entrada.

La jornada, salvo este incidente, trascurre con normalidad. Ha vendido entradas, hablado con David, cenado mientras escuchaba los chistes de Isidro, recoger, juntar la recaudación y después de cambiarse se marcha en Dera despidiéndose de sus compañeros.

Cuando llega a casa sus chicos están dormidos como ya imaginaba y ella se pone a leer en el salón bajo la lámpara que le regaló su madre. Le gusta usar los regalos de su madre, son reconfortantes cuando le falta su presencia. Esta es una lámpara que por lo visto despide rayos ultravioletas que vienen bien para el cerebro.

 

“Pienso que lo tienes muy fácil ahora después de reconocer que con Eneko a veces te olvidas de mí y que, por atender a Clotilde, "que está más sola", lo mismo. Lo tendrías muy fácil para cambiar esa dinámica de la que te has dado cuenta y decir "lo siento". ¿Tan difícil es?

Mamá: No puedo contestarte, tengo mucho dolor por todo y creo que no tengo fuerzas, además de decirte que lo siento muchísimo. En cuanto pueda me comunico contigo.

Ya van tres veces que me contestas parecido: primero que si no estabas con la cabeza, luego que si tenías que solucionar cuestiones médicas, ahora que si en cama...

Lo que ya te dije: quiero quedarme con tu "lo siento". Espero poder digerir todo lo demás y estar fuerte la próxima vez. No sé si podré.

Siempre que os olvidáis de mí, ya sea por Eneko, por Clotilde... que no me incluís en los planes, no me preguntáis... etc. me siento muy mal. Creí que con la explicación de mis sentimientos después de la gota que colmó el vaso (lo de Sevilla) podía romper con esa dinámica, pero veo que es imposible. Os lo habéis tomado como un ataque y no habéis entendido nada.

Mamá: No he podido contestarte por diferentes motivos. Lo siento.

Me has preguntado si necesito algo... Sí, necesito que me contestes al correo que te mandé hace un mes (del que ni siquiera en su momento supe si te había llegado), esas aclaraciones que decías tenías que hacerme, o lo que sea. Mi dolor de cabeza y mal estar viene de ahí. Esa es la ayuda y lo que necesito ya.”

viernes, 4 de septiembre de 2026

Novela de un Yo (34)

 

 

Después de comer y tras los respectivos descansos, Macarena leyendo en la cama y Eneko con la videoconsola en el salón, comparten tarde. Es viernes de cena de país. También quieren ir a ver a los abuelos, pero…:

-Hola, soy mamá. Mira, que no podemos quedar porque papá ha tenido delirios esta noche.

- ¿Cómo que delirios?

- Sí, ha estado toda la noche señalando a la ventana y diciendo que quiénes eran esas brujas. Miraba con los ojos bien abiertos, todo sudado, y señalaba hacia fuera que estaba completamente oscuro.

A través del teléfono han salido imágenes proyectadas que inundan toda la casa: brujas con narices averrugadas, aquelarres en tinieblas, danzas en torno al fuego con calaveras… La escena que ha montado esta vez la madre tiene todos los elementos de una película de miedo.

Tras colgar, Macarena se queda pensando en aquella otra vez en la que no pudieron ir a Guadalajara de excursión con sus padres porque eran elecciones municipales y querían seguir todo el proceso electoral desde el barrio. Recuerda no entender nada de la explicación que le dieron y cómo empezó su cabeza a proyectar imágenes de políticos gritando y telediarios en bucle.

Ante la barrera relacional que les pone la madre se quedan por la tarde en casa preparando una cena de país. Esta vez será el país inventado por Eneko, El universo abuelístico. Albóndigas de la abuela. Cuando llega Daniel ya está todo hecho y servido en la mesa que separa el salón de la cocina. Para ilustrar el momento comentan aquella vez que Eneko le pidió un helado de chocolate a la abuela por la noche y ésta se lo llevó a la cama sin bacilar, las subidas y bajadas montado a caballito en la abuela por la cuesta de los columpios, la nevada que cayó en el barrio y cómo el abuelo construyó un trineo… Con las risas la llaga de Macarena ha cauterizado un poquito y el entrecejo de Daniel se ha relajado, que no era el mismo después de enterarse que tres de sus compañeros de trabajo se marchan. Además, Eneko ha mostrado su mejor sonrisa, esa de boca abierta hasta verse la campanilla y lágrimas cayendo por sus mejillas.  

 

“Te agradezco que hayas reconocido tu error de no tratarme, de no atenderme, porque con Eneko te olvidas de mí. Me alegro de haber corregido tu creencia de que cuando quedáis con Eneko yo siempre aprovecho para hacer algo. En los orígenes nos ayudabais quedándoos con él. Ahora ya no es necesario (salvo excepciones). Sin embargo, seguías con esa actitud: creer que nos haces un favor cada vez que estáis con él sin nosotros. Espero que después de hablarlo te haya quedado claro que no es así. Que si no nos vemos es porque: no os sale, no nos sale, estáis con Eneko creyendo que nos hacéis un favor. Espero que dejéis de juzgarme por ello y no vuelvas a decir por ahí que no os quiero ver.”

 

Fin de semana con desayunos de tortitas en casa, paseos en bicicleta por el río, canchas de baloncesto en el barrio y compras en el centro. La madre de Macarena les ha dicho que no podían verse ninguno de los dos días porque estaban de obras en el edificio, que una vecina tenía goteras y resulta que investigando se dieron cuenta que la humedad venía de bla, bla, bla….

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Los Reyes del Mambo II

 

Ya he escrito antes sobre ello: la carencia de profesionales de la construcción y la situación privilegiada en la que esta carencia les sitúa. Dicho privilegio contrasta con la creencia generalizada y aún arraigada de que dichos trabajos son duros y poco valorados. Pueden ser jefes de sí mismos haciéndose de esta manera con su propio horario y honorarios, con lo cual esa dureza y consideración, pienso, podría situarse en otra posición de la escala de valores. Dichos privilegios se pueden comparar con otras comodidades o facilidades profesionales, como los archi envidiados dos meses de vacaciones al año de los profesores o el pastizal que se levanta un directivo de una gran empresa. Con lo cual podemos ver que cada profesión tiene sus ventajas y sus inconvenientes y no hay por qué tildar unos trabajos de duros y/o mejores. El mejor es aquel trabajo que se desempeña con ganas y pasión, pienso.  

Pienso que ahora nos encontramos con la siguiente situación: los jóvenes animados o dirigidos por sus progenitores (que vierten en ellos sus carencias y frustraciones, normalmente asociadas a la carestía económica y/o cultural) se forman en Universidades, Masters, estudios en el extranjero… llegando a la edad adulta sobreformados y con necesidad de rentabilizar lo estudiado. Sin embargo, no hay  puestos de trabajo suficientes en el mercado que cubra toda esa formación. Mientras tanto, Los Reyes del Mambo se frotan las manos y la barbilla porque ven cada vez más oportunidad de beneficio y mambismo debido a la falta de formación de nuevos profesionales en su ámbito.  No es que sean oficios de poca formación, pero es una formación gremial que ya no se lleva. Un sistema de aprendizaje que se ha visto desplazado por otros tipos más académicos y valorados. A pesar del auge de los grados de formación profesional, la cultura está sobre valorada. Nadie quiere ser fontanero porque se habla mal o lo que es peor no se habla nada de dicho oficio. Así no se puede crear interés, así no se puede apasionar a nadie por un trabajo con salida real en el mercado. Está mejor visto hablar de los reyes godos que de tipos de latiguillos de sanitarios.

Me pregunto qué pasaría si dejáramos a un niño que juega con agua y arena libertad para seguir haciéndolo, en lugar de obligarle a sentarse cinco horas diarias a escribir y leer. ¿No podría llegar a ser un fontanero profesional con capacidades extraordinarias para entender el flujo del agua y otros elementos?

Mi mundo ideal contiene gente profesional de la construcción que trabaja con ganas porque les gusta lo que hacen. En este deambular por la búsqueda de dichos profesionales he encontrado a tres: un podador, un medidor de radón y un arreglador de tejados que no han abusado de esa situación privilegiada que les ha proporcionado el devenir de los tiempos, sino que me han transmitido su pasión por lo que hacen y siempre con una sonrisa me han explicado todo con muchísima paciencia. Aplaudo a Fernando, Agustín y Juan María.

https://macarenamenasantos.blogspot.com/2021/05/los-reyes-del-mambo.html



viernes, 28 de agosto de 2026

Novela de un Yo (33)

 

 

Suena el despertador que da comienzo al día en la casa junto al Manzanares. Desde las ventanas del salón ven todas las mañanas la frondosidad que le bordea. Cerca de una de estas ventanas, la que está al lado del sofá gris, está Macarena leyendo. Ha amanecido hace tiempo. Ha bebido su vaso de agua hirviendo, se ha lavado la cara y los dientes, ha estirado piernas y brazos, ha hecho pesas (los médicos le han repetido hasta la saciedad que a partir de los cuarenta la musculatura va en detrimento y hay que cuidarse), se ha dado crema por todo el cuerpo, ha revisado su agenda y ha seleccionado las naranjas para el zumo. Besos de buenos días entre qué tal has dormido y estoy cansadísimo se suceden para los tres hasta que se sientan a desayunar. Hoy comentan el capítulo de Cuéntame de ayer.

-Madre mía, Don Pablo, mamá… Lo que le está haciendo al pobre Antonio….

-Sí, hijo, y lo peor es que eso ha ocurrido de verdad. En la época del boom inmobiliario debió pasar de todo…. -Apunta Daniel.

-Sí, mucho engaño a gente que pensó en un enriquecimiento fácil y rápido, y a los que ansiaban tener una vivienda propia. El pelotazo del ladrillo. -Añade Macarena.

Eneko moja las galletas en el Cola-Cao pensativo repitiendo para sus adentros las expresiones boom inmobiliario y pelotazo del ladrillo.

Terminado el desayuno, acaba la conversación que seguirán en la comida. Despedidas y casa vacía para Macarena.

Té verde sobre la vieja enciclopedia verde de su tío abuelo, Ataita para escribir y silla de oficina color chocolate que le regaló Daniel. Sigue con el tema del Día de Reyes que tantos disgustos le ha dado.

Herida Nº 37:

-Hola, soy mamá. Mira, que he pensado que mejor os vengáis en Reyes a casa, que está la madre de Orlando y se va a quedar unos días…

-No, mamá. Ya te dije que Eneko necesita estar con sus regalos ese día, que si queréis vengáis vosotros, pero que nosotros no vamos a ir.

-Hija, por favor, es que la madre de Orlando no se puede mover…

-Pues que no venga. No hace falta que venga ella, venid vosotros si queréis. O si no queréis, no vengáis, no pasa nada. Nosotros Los Reyes los pasamos en nuestra casa. Ya te expliqué el estrés que nos supone ir para allá ese día… Me gustaría que lo entendieras.

-Pero, hija, cómo vamos a dejar a la madre de Orlando sola…

-Pues no vengáis mamá, no pasa nada, ya nos reuniremos otro día.

-Pero, por favor, cómo vamos a pasar ese día separados…

-Pues haberlo pensado antes, mamá, cuando invitasteis a la madre de Orlando, si tan importante era para ti pasarlo juntos. Para nosotros es muy importante pasar Los Reyes en casa. Ya te lo expliqué hace tiempo.

-Vale, hija, pues nada, ya nos veremos otro día.

A pesar de esta conversación, la madre y la hermana se presentaron en casa de Daniel, Eneko y Macarenita con los regalos. Fue todo muy frío. El padre no fue. Enseguida les echaron en cara que no hubiesen querido ir a Aluche. Se le abrió la llaga del corazón y se acordó de cuando se fueron a Suiza a pasar las navidades porque su hermana estaba allí o cuando celebraban la Nochevieja con los vecinos sin preguntarles si les parecía bien. También se pregunta por qué a sus padres les cuesta tanto ir a su casa. Una vez su madre ante esta cuestión le dijo que olía mal. Como siempre le montó una escena que incluía zapatos malolientes en la entrada y basura preparada para bajar. Si algún día por casualidad se presentaban en su casa su padre miraba continuamente el reloj. Un año que por fin se decidieron a ir en Reyes, su hermana no fue porque se quedó a dormir con el novio en casa de los padres. No les pareció mal. Eso, dormir hasta las tantas con el novio en casa de los padres, ella jamás lo pudo hacer.

Desde que nació Eneko lo de ir en Reyes les supone un estrés: abrir los regalos mirando el reloj porque se tienen que preparar para llegar a la hora del desayuno a casa de sus padres, decirle a su hijo que luego puede continuar jugando porque ahora iban a casa de los abuelos, cargar con todos los regalos de una casa a otra... Un año Macarenita decidió no ir y se lo explicó a su madre. Su prima Elena lo interpretó a su manera y la criticó por WhatsApp siguiendo la costumbre generalizada del clan de los seis de meterse en su vida. Le sentó fatal que la juzgaran y desde aquel día en Reyes hace lo contrario de lo que su prima le dijo debía hacer.

Cuando llega Eneko del colegio canturrea por el telefonillo a su madre que le responde de igual modo. Si alguna vez no lo hiciera así pensaría que algo malo le habría pasado en el instituto. Madre e hijo comen juntos mirándose a los ojos, lo que nunca hizo ella con sus padres. Como buenos historiadores siempre estuvieron pendientes del curso de la historia a través del telediario o las noticias de los vecinos. Incapaces de estar con su hija.

Por la tarde están separados: ella en el Cine, Eneko en casa de los abuelos donde se atiborra de comida y juegan al Universo Abuelístico, una suerte de mundo que ha creado con su abuela. Daniel sigue en la oficina.

En el Cine Antonio le ha contado que antes sufría “trastorno obsesivo compulsivo”, que consiste en una corrección de la mente mediante algún ritual impuesto por uno mismo. Es decir, cuando se le venía a la mente una imagen que no le gustaba tenía que sacársela, por ejemplo, destrozando el dibujo que estuviera haciendo en ese momento, tocando lo que había tocado mientras tenía esa imagen… etc. Le ha parecido muy curioso, como muchas de las cosas que le cuenta o hace Antonio.

Por lo demás la jornada se ha sucedido sin alteraciones dando lugar también a un final rutinario: recaudar el dinero, apagar el ordenador, cambiarse, despedirse de sus compañeros y marchar.

Macarena llega a casa y disfruta antes de acostarse viendo una serie con Daniel recostada en su bíceps mientras Eneko duerme. Las paredes parecen hechas de papel en las viviendas de ahora y el pavés que pusieron para aprovechar la luminosidad de esa habitación hace que los reflejos de la pantalla puedan también despertarle. Aun así, disfrutan de ese instante de serie compartida como si fuera a ser el último o estuvieran haciendo pellas a la vida.  

martes, 25 de agosto de 2026

Obediencia



Entiendo que es más fácil organizarse a través de la obediencia que desde la insubordinación. Somos muchos seres humanos y sería un tinglado si cada uno cuestionara las órdenes dictadas en un momento de urgencia, por ejemplo. Las abejas desde que nacen saben lo que tienen que hacer y lo hacen sin rechistar.

Lo que no me parece bien es que se aproveche la necesidad de dicha obediencia para adoctrinar y/o meter miedo.

Tampoco me gusta que se inculque diciendo que se hace lo que diga un mayor porque sí, porque tiene más experiencia…  Que no se dé voz a los niños y jóvenes, por ejemplo, o se les de muy poca. Recuerdo a mi tía interrumpiendo un diálogo con mi hijo porque un adulto la estaba llamando. Luego jamás lo reanudó. Cuando se lo dije, me dijo que a ella le habían enseñado que cuando un adulto te llama debes dejar cualquier cosa que estés haciendo por atenderle. Todo lo contrario que se hace con los niños.

Esa autoridad a la que tenemos que obedecer lleva uniforme muchas veces. El otro día mi madre escuchó detrás de su puerta las palabras: “bomberos, abra”. O algo así. Al menos algo así es lo que me contó a mí. Abrió sin rechistar. Claro que era una emergencia (unos vecinos se habían quedado encerrados) y mi madre, bien adoctrinada en la obediencia a la autoridad, ni se planteó si estaban infringiendo una ley que defiende un derecho fundamental. Lo mismo le pasa en la consulta del médico: obedece a rajatabla todo lo que la mandan, aunque sea tomar más pastillas que la están sentando mal, hacerse pruebas y más pruebas que no la llevan a ningún sitio... Mi madre ve un uniforme y se cuadra como un soldado.

Yo hubo un tiempo que notaba cierta flojera de piernas y/o nudo en la garganta cada vez que me tenía que enfrentar a una autoridad: profesor, médico, policía, mi padre… Ahora ya no me pasa o me pasa menos. He conseguido integrar que la autoridad somos también los que no llevamos uniforme. Pero, sin embargo, me sigo poniendo nerviosa cuando tengo que hablar con mi madre.

https://macarenamenasantos.blogspot.com/2025/06/la-entrevista-laboral-mas-dificil-de-mi.html

 

 


viernes, 21 de agosto de 2026

Novela de un Yo (32)

  

 

Por la noche la ha visitado un asunto que habló con su madre hace tiempo: por qué nunca aceptaron la propuesta de ir el día de Reyes a Sevilla. A Macarena le hacía especial ilusión ir con Eneko a ver la cabalgata sevillana y que se reunieran allí todos en lugar de ir en Nochebuena como siempre. Cuando años después hablaron de ello su madre le dijo que “si llega a saber que era por Eneko, lo hubiesen hecho”. Son estos detalles los que no logra entender: por qué el nacimiento de un nieto supone tal revolución capaz de anular a cualquier hijo.

Cuando la casa se queda sola Macarena transcribe este pensamiento, y a continuación le vienen frases de su madre a la cabeza que intenta desmenuzar para ver si llega al origen y causa de su pensamiento. 

Herida Nº 36:

Otra frase que nunca entendió es “Toledo fue un esfuerzo”. De aquel viaje que hicieron juntos los cinco a Toledo, regalo de Reyes a sus padres, se le quedó esa frase que soltó su madre un día pasado el tiempo. Fue después de que también les dijera que siempre que quedan parece que están con malas caras. Por lo visto, Toledo pertenecía a ese conjunto de experiencias de malas caras. Nunca entendió por qué su madre decía eso. Fue un viaje que hicieron para asistir a un espectáculo de teatro donde se representaban momentos históricos de España. Estaba teniendo mucho éxito y pensó que a sus padres, profesores de historia jubilados, les gustaría. Lo compraron con tiempo. Además, habían reservado dos habitaciones en un hotelazo desde cuya terraza se veía la ciudad preciosa. Eneko estaba especialmente feliz de poder viajar con sus abuelos. Macarenita también y así lo creía de sus padres. No hubo malas caras. Sin embargo, su madre lapidó el recuerdo con aquella frase.

Otras frases lapidarias:

Cuando consiguió su primer trabajo como dependienta en un gran cine y se lo contaba ilusionada a su padre, éste le contestó: “menos da una piedra”. Aquella frase se le clavó como un aguijón en el corazón y ahondó más su herida.

“Mientras vivas bajo nuestro techo harás lo que yo te diga”. Esto se lo dijo su padre un día que no se ponían de acuerdo para ver la televisión después de cenar.

“Si no quieres barrer tienes que estudiar”. Esto también se lo dijo un día su padre mientras estudiaba.

“No sé por qué tengo que alabarla si estudia. Sería como alabar al que respira”. Esto se lo oyó decir a su padre hablando con su madre en el salón un día que llevaba cinco horas encerrada estudiando en su cuarto.

-Mamá, quiero empezar a trabajar cuando cumpla dieciocho años.

-Ya, hija, ¿y qué más? Pues anda que no te queda….

Un diálogo entre su madre y ella después del cual vendría esta carta que Macarenita tenía guardada en el altillo. En cursiva lo que escribió su madre.

“También te quiero explicar que cuando dijiste que querías dejar de estudiar no creo que me riera de ti, no lo recuerdo así.

Te sonreíste como diciendo "pues anda que no te queda…" Se me quedó grabado.

 Lo siento, no creo que me riera de ti o me asombrara: siempre pensamos que siendo buena estudiante…

Yo estudiaba porque vosotros valorabais mucho eso, para que me valorarais, no porque a mí me apeteciera. Me apetecía sentirme querida, valorada, como a todo ser humano. Papá decía que los de FP eran unos vagos... que sus alumnos eran unos vagos... En casa se valoraba mucho eso, el estudio.

Nos parecía penoso (según se pensaba en aquella época, hace treinta años) que no fueras a la Universidad. Ya sé que no te animábamos a estudiar, pero sí recuerdo aconsejarte que no te preocuparas cuando estabas agobiada por exámenes. Cuando quisiste dejar la Carrera te animamos a que terminaras. Seguro que fue un error, pero eran otros tiempos. Ahora no pasaría eso. De todas formas, no creo que hayas perdido cinco años de tu vida. Encontraste un trabajo que te permitía tiempo para escribir.

Este trabajo lo podía haber encontrado sin necesidad de hacer la Carrera. Cuando le conté a papá que había encontrado trabajo me dijo: "menos da una piedra". 

Nunca te pareció bien que te dijéramos que el estudiar en la Universidad siempre vale. Ya sé que tú no piensas así, quizás porque no se valora eso ahora ni garantiza un trabajo, pero eran otros tiempos.

Eran mis tiempos, pero vosotros echabais siempre la vista atrás, a los vuestros, sin escuchar lo que yo decía, que era la que los estaba viviendo. Ya se veía muy claro por aquel entonces que estudiar una Carrera no servía para encontrar trabajo. Pero en casa no había comunicación y no me escuchabais.

Y efectivamente hemos estado más encima de Clotilde, ella no estudiaba y tú sí. En aquellos tiempos no se veía otra cosa que estudiar para poder trabajar.

Eso ya había cambiado, pero vosotros no lo queríais ver.”

Eneko llama al timbre varias veces componiendo una melodía con el sonido. Macarena le abre contestando con otra improvisación. Es el saludo antes de verse. Cuando abre la puerta le planta un enorme beso en el moflete que arruga bajo unos ojos verdes aceituna del mismo color de la camiseta que lleva hoy antes de que se dirija directo al baño. No ha meado en toda la mañana. Mientras Macarena ultima la comida, colar la pasta y el brócoli al que añadirá unas anchoas, Eneko mira el móvil tumbado en el sofá gris.

-Lávate las manos, hijo, que ya comemos. Ah, por fa, y pon la mesa mientras yo termino esto.

- ¡Voyyyyy!

Madre e hijo se sientan frente a frente para comer de sendos cuencos llenos de espaguetis con brócoli y anchoas, una receta que aprendió en Italia.

- ¿Qué tal tu mañana?

-Bien.

- ¿Te dio tiempo a hacer los deberes que no habías hecho?

-Sí

- ¿Habéis tenido voleibol en Educación Física?

-No, hemos empezado otro deporte: bádminton.

-Anda, bueno, qué bien, ¿no?

-Sí, mola. Oye, mamá, necesito llevar ya la calculadora científica.

-Jolín, madre mía, o sea que la vamos a tener que comprar para que la uses solo unos meses… ¿Y por qué no os dejan hacer las cuentas con el móvil?

-Pues porque se supone que está prohibido usarlo.

-Hay qué ver… Esto es el colmo, como no pueden controlar que no lo uséis para otras cosas, lo prohíben al completo. Vaya anacronismo…. ¿A que un libro que no sea de los de clase no os lo prohíben llevar por temor a que os pongáis a leerlo?

Después de comer Macarena descansa un rato en la cama leyendo hasta que le entra sueño. Cierra los ojos unos diez minutos, los suficientes para reponer la energía gastada de la mañana y comenzar la tarde.

En el Cine, nada más entrar por la puerta, Isidro le ha dicho que estaban los dos solos porque David está con gripe. Pero después de la primera sesión, ha llegado una chica de Randstad que tiene una rasta en el pelo y que le ha preguntado si tenía mechero, si sabía si necesitaban a alguien para incorporar fijo a la plantilla y si podía consultar internet desde el ordenador de taquilla. Otro chico, portero del Princesa pero que está trabajando en el Lido ahora, ha venido a suplir a David. Se llama Leonardo Contreras. Por el acento parece argentino. Ha llegado con su portátil y echando peste a alcohol, según Isidro.

Hoy Macarena ha atendido al cliente de los redondeos. Cree que odia las monedas, nunca tiene y siempre paga en billetes redondeando la cifra al alza o intentándolo a la baja.  Cuando termina la jornada recoge, junta la recaudación, se cambia y se despide de sus compañeros para ir todo lo rápido que le permiten sus piernas al metro. En ese momento se acuerda de su madre que ganó una medalla en Atletismo cuando hacía el Preu.